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Bienvenidos

Grupo Bitácora, Organización de Atención Psicoterapéutica, Psicoanalìtica y Psicoeducativa.

Somos un equipo interdisciplinario de especialistas con más de 14 años de experiencia en áreas de la neuropsicología, psicología, psicopedagogía, y la orientación psicoanalítica.

En la actualidad, observamos un aumento en los síntomas mentales que afectan al ser humano, el incremento de diagnósticos clasificables, así como los diversos tratamientos farmacológicos y la desinformación, nos impulsó a crear un espacio para informar y atender individualmente, por medio de la consulta, la evaluación y la atención a niños, niñas, adolescentes, y adultos.

Sabemos reconocer que en nuestra contemporaneidad, los síntomas son en muchos de los casos, atendidos de forma igual.

Generándose las conocidas etiquetas que engloban al sujeto como un resultado estadístico; dejando a un lado su singularidad. Por lo tanto nuestro enfoque va dirigido a una atención que se caracteriza por la escucha diferente, en la que se le da un lugar al sujeto y a su historia.

Como valor agregado, ofrecemos asesoría y formación dirigida a instituciones, empresas, profesionales de diferentes áreas, así como a todo público que deseen potenciar sus habilidades en competencias sociales y técnicas para causar los efectos deseados en los diferentes ámbitos en los que se desenvuelvan. Para ello, hemos diseñado un conjunto de programas que se ajustan a las necesidades individuales y que pueden también incluirse dentro de cada colectivo.

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“Tengo el alma rota, mi hijo tiene discapacidad”. Una mirada desde la singularidad.

pintura el camino bajo la lluviaCon estas palabras: “Tengo el alma rota, mi hijo tiene discapacidad” abrió la sesión el padre de un niño que recién fue diagnosticado con discapacidad intelectual. “¿No sé qué voy hacer?, ¿por qué me tocó a mí?, ¿de quién es la culpa?, ¿cuál va a ser su futuro?” son una serie de preguntas propias de un alma, que más que rota, se encuentra ante una nueva situación a la que nadie está preparado y dónde abundan ideales que ya no se harán realidad, no según los términos y marcos referenciales de nuestra sociedad.

Los padres transitan por una serie de emociones y sentimientos desde la negación, el aislamiento y el enojo. Es un proceso de duelo causado por el primer encuentro con la discapacidad, que comporta lágrimas, desencanto, dolor y auto compasión por su hijo y por ellos mismos. Algunos se sienten directamente responsables, se culpan a sí mismos por algo que hicieron o dejaron de hacer y esto les exalta su nivel de ansiedad y frustración. El temor es otro sentimiento que deben superar. Temor a lo desconocido, a no ser capaces de satisfacer sus necesidades, es la perplejidad frente a su discapacidad y a lo que pasará cuando él crezca.

No quiero caer en los consejos que ofrecen de una manera casi universal y de receta otros blogs, páginas web de instituciones y/o expertos, sujetos supuestos del saber sobre la discapacidad. Quiero proponerles, un marco conceptual y referencial que valore la particularidad, lo diferente de cada caso y cada sujeto. Hasta ahora, cuando hablamos de discapacidad nos señalan causas de tipo biológico, hereditarios, multifactoriales y la forma de atender a la discapacidad es tratar a todos bajo un misma y única forma: asistiendo a la persona con discapacidad con resignación ante lo irreparable que ha acontecido en el organismo, prevaleciendo la patología, el síndrome, dándole un apellido al niño con discapacidad sea física, intelectual, psíquica, etc. colocándolo en la posición de objeto y no del sujeto con unas capacidades diferentes, con un decir, con una particularidad.

Estimados padres, madres y familia en general de un niño con discapacidad, de lo que se trata es de prevalecer el lugar de sujetos y no de objetos, la singularidad de cada uno de ellos, privilegiando su manera de saber hacer con las diferencias y no taponeando las mismas. Esto es, poner la escucha y la mirada en lo que ellos dicen y hacen sobre su padecimiento, en qué lugar coloca sus dificultades. Es una manera, en la que todos podemos hacer frente a lo imposible de leer al niño en sus saberes, deseos, inquietudes y de darle un lugar diferente que el de la segregación y la estandarización.

Por: Erminio Oliviero

Ataque de pánico: “un padecimiento cada vez más recurrente”

Pintura La  locura o el tormento de llamarse nadaHace unos días, un lector de nuestro blog nos escribió al correo electrónico dando sus observaciones sobre el artículo que escribí sobre la depresión. Una de esas observaciones, era precisamente que junto a la depresión existe en la actualidad “un síntoma que aqueja a muchas personas como es el ataque de pánico”. Agradezco mucho no solo el que lea este blog, sino su pertinente comentario, pues me da pie a escribir sobre ello.
Es muy cierto que el ataque de pánico se ha situado en nuestra sociedad. Seguramente, muchos de Uds. han escuchado que alguien cercano sufre de ataques de pánico o crisis de angustia. Es algo que ya nos suena muy familiar. En este sentido, en los consultorios se presenta un aumento de consultas por este motivo.
Un paciente ansioso se caracteriza por la existencia espontánea de episodios de angustia extrema, en los cuales la experiencia dominante es la sensación de pérdida de control y catástrofe, acompañada de intensas manifestaciones somáticas: respiratorias (ahogos, opresión torácica, disnea), cardiovasculares (palpitaciones, sofocación, escalofríos, sudoración), neuromusculares (vértigo, mareos, temblores), digestivos (náuseas, cólicos, diarrea), que a su vez están acompañadas de intenso sufrimiento psíquico: angustia, miedo a morir, a perder el control, a enloquecer, inquietud, perplejidad, sensación de despersonalización, etc. Además de todo lo anterior, se le suele sumar el insomnio y la irritabilidad. Con relación al tiempo, las crisis suelen durar minutos y a veces horas, y luego tienden a repetirse o, a ceder gradualmente.
En definitiva, el paciente describe la crisis de ataque de pánico como una experiencia aterradora, “la vivencia más cercana a sentir que uno va a morir”.
Muchos afectados, en su primer ataque, por las manifestaciones somáticas llaman a emergencias médicas, confundiendo los síntomas con un cuadro cardíaco. Así es que, se someten a estudios médicos para hacer un diagnóstico diferencial. Sin embargo, en ocasiones se repite el ataque en cualquier lugar y momento, logrando que muchas veces las personas permanezcan en estado de incapacidad, pues les resulta difícil retomar las actividades de la vida cotidiana. Con el transcurrir de la enfermedad, la necesidad de evitación por miedo a un próximo ataque, puede hacer que no vuelvan a manejar un vehículo o a salir, y esto se traduce en una disminución de la calidad de vida y la pérdida progresiva de los vínculos sociales. Siempre la tendencia es encontrar una causa física para el mal, sin resignarse a admitir una dolencia subjetiva.
¿Qué hacer ante esta crisis?
Una posibilidad de tratamiento para el ataque de pánico es ubicarlo en una lista, para inscribir a la persona en una nomenclatura de trastornos. De allí un tratamiento a base de fármacos con el objetivo de hacer desaparecer la crisis. La esperanza reside en que el fármaco rompa la relación entre el recuerdo doloroso y el pánico, anestesiando la angustia.
Sin embargo, la farmacología no alcanza su objetivo por ser insuficiente para darle fin a la obsesión de la crisis tan temida. El paciente se encuentra ante la amenaza acuciante de algo terrible y permanente.
Le propongo lo siguiente, buscar un especialista que posibilite una relación verdadera con la dimensión de la angustia. El sujeto que consulta por pánico generalmente señala: “No sé qué pasa conmigo, he perdido el dominio de mi cuerpo”. Un tipo de escucha ubica al sujeto más cerca de su verdad, y es el recurso para plantarle cara a lo que no se sabe. Lo importante, es el saber que se construye en la consulta por medio de la palabra del paciente y no el aprendizaje. No hay un aprendizaje para extinguir el dolor. Las terapias actuales con ejercicios de relajación, programas de reducción de estrés y las técnicas de autocontrol son tan prometedoras como ficticias.
Una terapia en la que pone de relieve al sujeto y su palabra, podría restituir la palabra al sujeto, acercarlo al núcleo de su mudez, ya que es en ese silencio donde el pánico ha encontrado su existencia.
Por: Erminio Oliviero Yanes

El trabajo de buscar trabajo

La palabra “trabajo” es una de esas palabras que ha adquirido un valor emocional hasta tal punto que no son pocos los que en el diván del especialista, sea este de cualquier orientación, la llevan como una frustración, angustia o miedo por lo complicado que se encuentra conseguirlo. Seguro que al leer este artículo reconocerá que buscar empleo es sí mismo un trabajo y vaya que trabajo, puesto que implica ser organizado, constante, disciplinado, en fin, “el trabajo de buscar trabajo”.
Uno de los aspectos de la exigente tarea de buscar empleo, es reconocer que existe una competencia entre miles de personas que se encuentran en lo mismo, situación de la que se vale el empleador para exigir más cualificación. Por lo tanto, es casi un requisito imprescindible saber “diferenciarse” para obtener un buen puesto de trabajo.
En la orientación laboral, una de las cosas fundamentales para iniciar el itinerario de búsqueda de empleo es interrogarse, hacerse preguntas sobre ¿qué empleo quiero? ¿Qué necesito para conseguirlo y mantenerlo?, con el fin de que su proyecto de vida y de empleo no vayan por caminos distintos.
Ahora bien, cada quien podrá tener respuestas distintas antes estas preguntas, pero si en algo estamos de acuerdo muchos orientadores laborales, es que todos debemos profundizar y desarrollar en nuestras “Habilidades sociales”, ya que ellas son el aliado en nuestro desempeño laboral. Ud. Podrá poseer habilidades técnicas especiales, saber varios idiomas pero saber relacionarse con los demás garantiza que haya empatía y entendimiento entre tú y el entrevistador, tú y tu cliente, tú y tus compañeros de trabajo. El miedo a relacionarnos o relacionarnos de la misma manera con todos, de no saber comunicarse tanto verbal como no verbal, de no saber expresar las emociones, de no resolver conflictos, puede aislarnos, hacernos perder una oportunidad de empleo, incluso presentar problemas en nuestro entorno familiar, social e incluso en la relación de pareja.
NO dude en pedir ayuda a los expertos, visitar portales que ayuden a orientarse en la búsqueda de empleo, leer artículos relacionados a la empleabilidad moderna, incluso investigar sobre la evolución de las diversas estrategias que se han utilizado a través del tiempo para comparar, e incluso como enriquecimiento cultural. De la misma manera consultar con otros, y con aquellos que han tenido éxito en la búsqueda para tomar lo mejor de cada experiencia. Al final, será un recorrido que valdrá la pena como experiencia de vida.
Por: Erminio Oliviero Yanes

La depresión: Entre la clínica del fármaco y la clínica de la palabra

La depresión es uno de los diagnósticos más significativos de finales del  siglo pasado e inicio del actual. Esto se puede constatar por el número de evidencias que hay, sin embargo, nadie podría negar y refutar que ya desde mucho antes se conocía sobre los efectos depresivos, es lo que podríamos llamar: la tristeza, la melancolía, el desánimo, el desgano. Basta con ir a visitar el museo del prado o el que usted más le guste y observar en muchas pinturas la posición corporal de la tristeza, es decir, se resalta el talante característico de la persona triste o melancólica, la cabeza apoyada sobre la mano. En fin, es una forma sistemática de representarla en las diversas épocas y que se sigue representando hasta hoy.

El día de hoy, ¿Cómo afrontar un poco este tema? Seguro que hay  varias líneas de reflexión. Yo me inclino con aquella que tiene que ver con el carácter epocal de la Depresión. Aquí confluyen la prevalencia de un diagnóstico que sostiene una alianza (sospechosa) entre la modernidad, el capitalismo, la ciencia y la industria farmacológica. Si así es, una asociación que en muchos casos es muy evidente y en otros algo implícito, que impone precisamente el discurso sobre la depresión.

Lo podemos constatar en personas que van al psiquiatra, es muy posible que ni siquiera lo miren sino que le soliciten la analítica de sangre, una resonancia magnética, etc., la práctica clínica esta empañada por los medicamentos y por el auge a las funciones cerebrales. Es el lugar de la clínica del fármaco y la filosofía de registrar y evaluar cómo el sujeto-paciente responde a un tipo de combinaciones de fármacos que se ajuste al diagnóstico.

Es esta clínica del fármaco la que rechaza radicalmente a lo que puede ser un tipo terapia centrada en el sujeto y su palabra, es la clínica de la escucha pero que apunta a la clínica del sujeto, una clínica que va en contra de toda universalización del diagnóstico y realce la singularidad de cada uno.

Por esta razón, es importante ver en la depresión una cierta respuesta compleja que construyó la persona, posiblemente la única que podía proporcionar por el momento, y en ese sentido el psicoterapeuta la respeta como respuesta, para hacer la pregunta de cómo es que llegó a esa vía, interrogar por qué la dio, sus condiciones, en definitiva permitir que la palabra circule, porque posiblemente el sujeto se encuentre que existen otras respuestas a su realidad que no sea sólo la depresión. Así que, si algo se puede dar al paciente que sufre depresión, es precisamente un lugar y un espacio para su singularidad, que facilite la construcción de esa otra salida, aquella que considere su deseo y que ponga en juego la verdadera pregunta, sólo así tal vez se cree otra respuesta.

Por: Erminio Oliviero Yanes

No más violencia de género

Es lamentable como día a día nos enteramos de la cantidad de asesinatos, agresiones y violencia de género, no sólo en España sino en todo el mundo. En muchos de estos casos, son más las preguntas que las respuestas de quienes vemos con estupor esta realidad. Para mi sorpresa, me he encontrado con todo tipo de creencias que considero equivocadas y por ende alarmantes, para ejemplificar cito alguna de ellas: “Las mujeres golpeadas se quedan porque les gusta”, “Si ella se aguanta por bastante tiempo, las cosas cambiarán y se mejorará la relación”, “Estoy de acuerdo de que las mujeres no se les debe golpear, pero lo que ocurre en casas ajena no es asunto de nadie”, “Si él trabaja, trae dinero a la casa, y es bueno con los niños, una mujer no debe de exigir más, ella debe aguantar sus defectos”, etc.
En general, a las personas y en especial a las mujeres no les apetece ser amenazadas, ser golpeadas, ser maltratadas. Existen situaciones, en las que dejar a la pareja violenta no es fácil porque ella es su única forma que ha conseguido para mantenerse. Si un hombre que le amenaza constantemente que si lo deja la mata y no tiene a dónde irse y/ o además tiene hijos a los que tiene que dar de comer, sería casi imposible dejarlo. Una mujer no se queda en un matrimonio violento porque le gusta (contrario en casos patológicos y existen esos casos) sino porque muchas veces la influencia de la familia, las creencias religiosas y comunidad la dejan sintiendo que ella posee pocas salidas.
En la mayoría de los casos en la que la mujer no se separó, en los que no buscó ayuda legal o psicológica, el abuso físico y mental se empeoró. A veces la esperanza de que el abuso pare hace que las mujeres no tomen la decisión de irse. Algunas cuando ya presienten que en la próxima situación ya no solo serán golpeadas sino que su vida corre un peligro real, es que toman la decisión. Es peligroso llegar hasta este punto; en la mayoría de los casos de mujeres asesinadas sus victimarios fueron sus esposos o novios.
La violencia de género y la violencia doméstica es un crimen contra las mujeres y aqueja a toda la sociedad. No existe condición social, raza o credo en la que no presente esta realidad. Por esta razón, diga cuando alguien la está agrediendo física y psicológicamente. Hay que reconocer que tanto la víctima como el victimario necesitan ayuda inmediata. La violencia en su hogar no deber ser un secreto vergonzoso que le impida buscar ayuda.
Lo expresado hasta aquí es una mirada amplia a la violencia de género, pero un acto de violencia sólo puede ser analizado desde su propia singularidad para discriminar sus causas y consecuencias en el mismo sujeto, ya sea el que sufre la violencia o el que la ejerce. Por esta razón, una oportuna consulta expertos nos ayudaría a ver más claro el por qué existe la violencia en mi vida y cómo puedo salir de ella.

ESTOY DESEMPLEADO Y ME SIENTO COMO UNA MIERDA.

 

Hace poco escuche de una paciente el siguiente comentario:

“¿Que cómo se siente alguien como yo que se encuentra en desempleo? Pues nada más y nada menos que como una mierda. Sufres impotencia, ira, tristeza. Hay mañanas que no tengo las fuerzas para levantarme de la cama y salir de mi habitación. Al ver a mi familia, que me sostienen con un sueldo y una pensión de mierda que no da para pagar todo lo que hay que pagar y me hace centro aun pero, como una aprovechada, cuando no soy yo la culpable de no estar trabajando, pero me siento así. Me siento imbécil y me siento saturada. Me obligo a sonreír para vivir en sociedad, para hablar con otros o con los amigos, para continuar. Lo siento en mi salud, y desde hace más de un año cuando no estoy enferma de una cosa, lo estoy de otra, todo es de origen psicológico, estoy segura, pero así sigo, sin ver el final de esto, o viendo un precipicio. Siento enfado cuando veo a los tertulianos de muchos programas de televisión debatiendo algo que ni les roza, y cuando veo a alguien pidiendo en la calle, me entran ganas de llorar, que tengo que reprimir porque no estoy sola, porque yo no puedo hundirme cuando a mi alrededor hay mucha gente hundida ya, y siento que acabaré así.”

     Es un caso singular, seguro que sí. Lo que no quiere decir que sea único y que el desempleo no cause efectos negativos en la salud tanto psíquica como física de los que lo sufren. Dicho de otra manera, cuando uno tiene un empleo nos encontramos vinculados al entorno social, hay una pertenencia social, además tienes como pagar las facturas, los servicios, existe una seguridad. Por lo tanto, no es extraño que alguien desempleado se sienta marginado en lo social y esto a su vez le produzca intensos sentimientos de soledad.

     Es importante señalar, que la persona desempleada se ve metida en un problema que no ha creado pero que debe remediar, surge el sentimiento de desprotección social.
En lo cotidiano, cuando uno está trabajando existe un orden y un ritmo, la vida esta organizada alrededor del horario laboral. En este sentido, muchos de los desempleados sufren como un sentimiento de pérdida del sentido del tiempo y se sientan desorientados, desorganizados e incapaces de encontrar alguna forma eficaz para la búsqueda de empleo.

     En definitiva, cuando nos quedamos desempleados sufrimos una sensación de pérdida.

     ¿Qué se puede hacer? Si es que se puede hacer algo, porque visto el panorama político y económico el desempleo va a seguir. Por lo tanto, la apuesta en esta materia es y debe ser desde cada sujeto, el cómo lo vive, lo sufre, lo asume cada quien, tú o yo. En ocasiones, la realidad nos puede llevar a pensar como definitivo que la “culpa” de estar en desempleo es de otros (la sociedad, los políticos, la banca, etc.) y la verdad que pasarías horas justificando lo que es innegable.

Decíamos que es una pérdida la que sufre el desempleado y ésta lo lleva a un vacío, a veces un vacío de palabra, del decir, del deseo, de la motivación.

Aquí lo importante es precisamente avivar ese deseo, la motivación a seguir adelante, a buscar opciones, soluciones y no quedarnos sufriendo. Es aconsejable asistir a un especialista ya sea un psicoterapeuta, psicoanalista, psicólogo que nos ofrezca un lugar y un tiempo para hablar, que nos permita poder vivir con la experiencia de la pérdida y darnos cuenta de que hay otro modo de goce que la tristeza.

Por Erminio Oliviero Yanes